La gran hazaña olvidada de los Tercios españoles

Castelnuovo, el lugar en el que 3.000 soldados españoles contuvieron a más de 50.000 turcos

Durante siglo y medio no hubo ejército más temido en toda Europa que los Tercios españoles. Sus largas picas y estruendosos arcabuces sembraron el pánico en los campos de batalla del viejo continente. Allá donde iban, arrasaban. Muchas de las batallas en las que participaron pasaron a la historia. Batallas como Pavía, Mühlberg o San Quintín. Otras sin embargo, quedaron en el olvido. Es el caso del sitio de Castelnuovo, la gran hazaña olvidada de los Tercios Españoles, una gesta que llegó a ser comparada con lo que, varios siglos antes, Leónidas y sus 300 espartanos habían hecho en el paso de las Termópilas.

No es para menos, a miles de kilómetros de los dominios del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, sin posibilidad de recibir víveres ni refuerzos, 3.000 soldados españoles consiguieron detener durante 21 días a un ejército de 50.000 hombres. Lo hicieron hasta contener su último aliento, cumpliendo hasta el final con su deber, defender la fortaleza de Castelnuovo.

LOS ANTECEDENTES DEL SITIO DE CASTELNUOVO

Año 1538. El estandarte de la Santa Liga ondea al son del viento del Mediterráneo. Bajo el, tropas del ejército pontificio, unidades venecianas, hombres del archiducado de Austria, caballeros de Malta y miles de soldados imperiales marchan hacia los Balcanes con un claro objetivo: frenar a la principal amenaza de la cristiandad, el Imperio Otomano.

Para ello, la coalición cristiana necesitaba conquistar a los turcos la fortaleza de Castelnuovo. Una fortaleza, situada en la costa de la actual Montenegro, desde la cual se podía extender la zona de influencia cristiana en la zona de los Balcanes ante el continuo avance de las fuerzas del sultán Soliman el Magnífico.

Las tropas cristianas llegaron a la fortaleza de Castelnuovo en octubre de 1538. Conscientes de su superioridad numérica se limitaron a bombardear durante horas las murallas del castillo de Castelnuovo. Lo hicieron por tierra y mar al mismo tiempo que la fortaleza era cercada para evitar así, la entrada de víveres a la ciudad. Ante esta situación, la guarnición turca que defendía Castelnuovo decidió rendirse.

FRANCISCO SARMIENTO, EL NUEVO GOBERNADOR DE CASTELNUOVO

Con la fortaleza en manos cristianas, la Santa Liga tenía que decidir que nación alzaría su bandera sobre las murallas de Castelnuovo. Los venecianos fueron los primeros en reclamar la fortaleza pero finalmente fueron las tropas del emperador Carlos I de España y V de Alemania quienes tuvieron el honor de quedarse a defender la plaza.

El maestre de campo Francisco Sarmiento se encargó del gobierno de la ciudad. A su mando unos 3.000 soldados de los Tercios españoles entre los cuales se encontraban seis compañías pertenecientes al Tercio Viejo de Lombardía. Su tarea, la de defender la fortaleza de Castelnuovo, no era nada sencilla ya que en caso de ataque era prácticamente misión imposible recibir refuerzos y víveres a tiempo. Y así fue.

EL ATAQUE TURCO

Tras enterarse de la derrota en Castelnuovo, el sultán Soliman el Magnífico ordenó a uno de sus más importantes generales, el almirante Barbarroja, reunir tropas para recuperar nuevamente la plaza. Para el sultán había mucho en juego, el poder de los turcos en la zona de los Balcanes. Sin embargo, el invierno retrasó los planes.

No fue el caso de la guarnición española que se estableció en Castelnuovo. Sarmiento aprovechó el parón invernal para reparar las defensas de la ciudad. También para enviar mensajeros a los territorios del Rey Carlos I de España y V de Alemania para solicitar refuerzos con los que poder defender la plaza del enemigo, pero estos esfuerzos no recibieron la respuesta deseada.

En la primavera de 1539 Barbarroja se movilizó rápidamente. El almirante otomano logró reunir más de 200 naves que, en el verano de ese mismo año, izaron las velas hacia Castelnuovo. A bordo de ellas 50.000 soldados turcos dispuestos a recuperar el honor del sultán así como el área de influencia del Imperio Otomano en la zona.  

Los huestes de Barbarroja pisaron tierra a mediados de julio. Lo hizo una pequeña parte del ejército, unos 1.000 soldados. Su misión era simple, reconocer el terreno, conseguir información y esperar al grueso del terreno pero antes del mediodía no tuvieron más remedio que regresar a las naves. Tres compañías del Tercio español dirigido por Sarmiento les impidieron cumplir su misión.

El grueso de las fuerzas turcas arribaron en la costa el 18 de julio. Al frente se encontraba el sanguinario Barbarroja, quien ordenó bajar de las naves a todo hombre capaz de empuñar espada. De esta forma 50.000 soldados del Imperio Otomano iniciaron el sitio de Castelnuovo.

Los turcos llevaron a cabo diversas escaramuzas. Todas, con el mismo resultado. Nada podían hacer los turcos ante los hombres de Sarmiento que, enfrentamiento tras enfrentamiento, demostraron su gran habilidad en la batalla.

Barbarroja temeroso de perder más hombres ofreció una rendición honrosa a los soldados españoles. Las condiciones eran muy ventajosas para Sarmiento y sus hombres. Por el valor mostrado en combate, los turcos permitían a los soldados pertenecientes al Tercio viejo de Lombardía marchar hacia Italia con sus banderas desplegadas, 20 ducados en cada bolsillo y todas sus armas a excepción de la artillería y la pólvora, que debía permanecer en Castelnuovo.

La respuesta a este ofrecimiento se la hicieron llegar al propio Barbarroja dos cabos de escuadra, Juan de Alcaraz y Francisco de Tapia. Esta no fue otra que: “El maestre de campo consultó con todos los capitanes, y los capitanes con sus oficiales, y resolvieron que querían morir en servicio de Dios y de S.M., y que viniesen quando quisieren”.

La respuesta enfureció tanto al almirante turco que estaba decidido a acabar con la vida de todos los soldados que defendían la fortaleza. Con el propósito de lograrlo reanudó los ataques, pero esta vez sin combatir cara a cara contra los soldados del tercio. Barbarroja ya había aprendido la lección y sabía a lo que se exponía si se enfrentaba a los Tercios españoles en campo abierto. Por eso, a comienzos de agosto los turcos tan solo se limitaron a bombardear la plaza que con tanto arrojo defendían los españoles.

El tiempo tampoco ayudó a Sarmiento y sus hombres. La lluvia que caía sobre Castelnuovo a principios de agosto convirtió los letales arcabuces de los Tercios españoles en armas inservibles. Barbarroja consciente de esta situación decidió atacar con todo el 7 de agosto de 1539.  

EL ASALTO FINAL

El 7 de agosto de 1539 los turcos atacaron con todo la fortaleza de Castelnuovo. Únicamente 600 valientes españoles se interponían entre las huestes del almirante Barbarroja y la victoria turca 

El combate fue frenético. El héroe que había mantenido vivas las esperanzas de los españoles, Francisco Sarmiento, fue herido y, más tarde, cayó en combate. Sin ninguna opción de vencer, los valerosos capitanes y soldados restantes del Tercio español fueron cayendo uno tras otro.

El asalto final de Barbarroja duró todo el día. Menos de 400 soldados del Imperio español sobrevivieron al ataque. Todos fueron capturados. Entre ellos se encontraba el capitán Machín de Monguía, soldado al que el general enemigo tenía en gran estima. Tanto era así que Barbarroja le ofreció la libertad y un puesto de mando en el ejército turco. La respuesta no debio agradarle en absoluto, pues el general otomano ordenó degollarlo de inmediato. Ese mismo destinos corrieron la mitad de los supervivientes del ataque y los que no pasaron por la cuchilla fueron condenados al cruel destino de las galeras. Algunos de ellos consiguieron dos años más tarde robar una galera en la ciudad de Constantinopla. Nave que les permitio regresar a España e informar al Rey de lo sucedido en Castelnuovo.

De esta forma, 3.000 valientes soldados de los Tercios españoles lograron la gran hazaña de contener durante 21 días a un ejército superior en número. Los turcos consiguieron finalmente la victoria pero el precio por haber recuperado Castelnuovo había sido demasiado alto. De los 50.000 soldados con los que Barbarroja inició el asedio, 20.000 perdieron la vida.

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