La batalla de Cornualles, una de las grandes deshonras que los Tercios Españoles infligieron a Inglaterra

400 hombres, dirigidos por Carlos de Amézquita, lograron arrasar varias localidades inglesas sin sufrir una sola baja

Soldados de los Tercios Españoles durante la batalla de Cornualles

Pocas deshonras hay más grandes para Inglaterra que la batalla de Cornualles, un ataque en el que los Tercios Españoles lograron arrasar varias villas del suroeste de Inglaterra pertenecientes al Condado de Cornualles sin contar con una sola baja.

EL ATAQUE DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES AL SUROESTE DE INGLATERRA

Agosto de 1595. Han pasado varios años de la derrota de la Grande y Felicísima Armada, la mal llamada Armada Invencible. Aquel fracaso había llevado al Rey Felipe II a reorganizar toda su flota. Uno de sus planes consistía en establecer bases avanzadas en la costa oeste de Francia, país en guerra con el Imperio español y cuyo monarca, el protestante Enrique IV de Francia, no era reconocido por Felipe II. Unas bases desde las que los barcos podrían hostigar a Inglaterra, un hecho que se convirtió en realidad cuando en el año 1593, los Tercios Españoles lograron ocupar la plaza de Blavet, actual Port Louis. Esto causó gran preocupación en la Reina Isabel I de Inglaterra.

Precisamente, desde la plaza de Blavet, un puñado de hombres, apenas tres compañías de arcabuceros conformadas por 400 hombres, dirigidos por Carlos de Amézquita se dirigieron a Inglaterra por orden de Juán del Águila.

La expedición zarpó de Blavet a bordo de cuatro galeras: la ‘Capitana’, la ‘Patrona’, la ‘Peregrina’ y la ‘Bazana’. Su misión no era otra que la de contactar con el inglés que había escrito una carta al Rey Felipe II para rogar por una invasión católica en la isla y, con ello, la restauración del catolicismo. Su nombre era Tristam Winslade, nieto de John Winslade, la figura que había liderado al ejército de Cornualles durante la revuelta córnica en contra de la conversión al protestantismo. La carta enviada por Winslade contenía mapas de la zona de Cornualles e incluso nombres de importantes figuras de la región que estarían dispuestos a apoyar a los españoles.

El 2 de agosto de 1595, los 400 soldados liderados por Carlos de Amézquita desembarcaron finalmente en Inglaterra. Lo hicieron en la región de Cornualles, concretamente en la bahía de Mounts.

Al ver a los soldados de los Tercios Españoles, las milicias inglesas, la piedra angular de la defensa inglesa en caso de invasión, estos arrojaron sus armas y huyeron despavoridos presa del pánico. Este hecho permitió a los españoles durante los próximos dos días tomar todo lo que necesitasen, incluidas las piezas artillería de los fuertes ingleses de la zona, y quemar las localidades de Mousehole, Paul, Newlyn y Penzance.

Precisamente, en Penzance, no hubo ni resistencia. Allí todo el pueblo fue saqueado a excepción de una Iglesia en la que, según los informes del espía inglés, se había celebrado misa católica. Tres días después, los soldados de los Tercios Españoles, celebraron en ese mismo lugar el éxito de la misión con una misa católica en suelo inglés poco antes de partir de nuevo hacia Blavet.

EL VIAJE DE REGRESO

Los soldados de los Tercios Españoles que habían saqueado durante días varias localidades de la región de Cornualles abandonaron Inglaterra el 4 de agosto de 1595. Al volver a los barcos, los españoles arrojaron por la borda a todos los prisioneros. Más tarde, hundieron una embarcación de la Royal Navy que les había dado alcance. Además, lograron esquivar una importante flota dirigida por Francis Drake y John Hawkins que había salido a la mar en su busca.

Al día siguiente, el 5 de agosto de 1595, la expedición comandada por Carlos de Amésquita no pudo evitar cruzarse en las costas francesas con una escuadra holandesa compuesta por 46 naves de las que los españoles lograron escapar con astucia e incluso hundir dos naves durante la huida.

Cinco días después, el 10 de agosto de 1595, aquellos 400 valientes de los Tercios Españoles que lograron introducirse en suelo enemigo y saquear varias poblaciones inglesas regresaban a donde había comenzado todo, el puerto de Blavet. Lo hacían tras haber sufrido tan solo 20 bajas, todas ellas durante el enfrentamiento con la flota holandesa. La batalla de Cornualles resultó ser una de las grandes deshonras que los Tercios Españoles infligieron a Inglaterra.

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