La batalla de Bicoca: la más humillante victoria de los Tercios españoles

Las tropas del Rey Carlos I de España y V de Alemania derrotaron a más de 3.000 enemigos sin sufrir una sola baja

Hay batallas que han marcado un antes y un después. Sin ninguna duda, la batalla de Bicoca, la más humillante victoria de los Tercios españoles, fue una de ellas. Más de 3.000 enemigos del Imperio español perdieron la vida sin ni siquiera cruzar espada. La batalla de Bicoca cambió las normas de la guerra. Lo hizo acabando con el histórico protagonismo de las armas blancas en favor de las armas de fuego.

LOS ANTECEDENTES DE LA BATALLA DE BICOCA

Año 1521. El Rey Carlos I de España y V de Alemania tiene su mirada puesta en el Ducado de Milán, una zona de dominio francés sobre la que sentía el derecho legítimo de gobernar. Por ello, el Imperio español entra en guerra con Francia.

Francia también tiene sus propios planes, dominar toda la península itálica. Esta realidad hace que Carlos I encuentre al principio del conflicto un potente aliado en Roma, el Papa León X. De esta forma se crea una gran coalición formada por tropas españolas, alemanas y papales.

La alianza entre los Estados Pontificios y el Imperio español consigue organizar un ejército de 18.000 soldados. A su mando se encuentra el militar Próspero de Colonna, quien pronto conduce las tropas a territorio francés.

Durante meses, Colonna lleva a cabo una guerra de maniobras contra el vizconde de Lautrec, Odet de Foix. Los franceses rehusan en todo momento a presentar batalla hasta que en abril de 1522 se ven obligados a hacerlo para aplacar al grueso de sus fuerzas, mercenarios suizos que, descontentos por no recibir ni una sola de las pagas prometidas, amenazaron con regresar a sus cantones de no luchar.

LA BATALLA DE BICOCA

La tarde del 27 de abril de 1522 los ejércitos de Próspero de Colonna y del vizconde de Lautrec se encuentran al fin frente a frente. La superioridad del ejército francés es notable, 30.000 hombres frente a los 18.000 del ejército imperial. Sabedor de esta situación, Colonna sitúa el grueso de sus tropas en lo alto de una loma y espera pacientemente al ataque francés.

Los primeros en movilizarse son los mercenarios suizos contratados por los franceses, profesionales de la guerra que, ansiosos por entrar en combate, avanzan confiados en dos columnas de más de 12.000 hombres. Sus cuadros de piqueros perfectamente formados los habían convertido junto a los Tercios españoles en la mejor infantería del mundo. El problema es que sus técnicas y equipamiento habían quedado obsoletos.

Las tropas imperiales se lo demostraron en la batalla de Bicoca. Al tener que subir la pendiente que les separaba del ejército del Rey Carlos I, los mercenarios suizos se vieron obligados a reducir el ritmo para mantener la formación. Esta situación los convirtió en un blanco fácil para los arcabuceros que, disparo tras disparo, ahuyentaron al enemigo.

Era la primera vez que los cuadros suizos se tenían que retirar de una batalla. Huyeron tras ver morir a más de 3.000 compatriotas sin ni siquiera presentar combate. La batalla de Bicoca había acabado. Tal fue la facilidad con la que los Tercios españoles vencieron que desde entonces el término bicoca se emplea para describir a algo sumamente fácil o de escaso valor.

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